Hay imágenes que no necesitan explicación.
A veces, dos miradas, dos cuerpos y una historia compartida dicen más que cualquier argumento. Este texto nace precisamente de ahí: de la convivencia real, del compromiso sostenido en el tiempo y de la certeza de que los animales no son juguetes, sino vidas que nos acompañan y dependen de nuestras decisiones.
Cada año, miles de personas se plantean incorporar un animal a su vida movidas por la emoción, la ilusión o un momento concreto. Y es comprensible. Sin embargo, conviene recordarlo desde el principio: convivir con un animal no es un gesto puntual, es una decisión que implica tiempo, responsabilidad y conciencia a largo plazo.
Y cuando hablamos de animales, conviene ampliarlo desde el inicio: no se trata solo de perros o gatos, sino de todos los seres con los que decidimos convivir y de los que pasamos a ser responsables.
Recordarlo es importante, porque los animales no son juguetes, sino seres vivos que dependen completamente de nuestras decisiones.
España convive con millones de animales… y abandona demasiados
En España conviven más de 24 millones de animales de compañía.
Forman parte de hogares, rutinas y afectos.
Sin embargo, hay una realidad menos visible:
📌 después de las fiestas navideñas aumentan los abandonos.
Además, no solo de perros y gatos.
También:
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Conejos liberados porque “crecieron demasiado”
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Hámsters abandonados cuando dejan de interesar
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Pájaros soltados sin posibilidad real de sobrevivir
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Peces desechados cuando el acuario “da trabajo”
Todos ellos pagan decisiones impulsivas tomadas desde la ilusión y no desde la responsabilidad.
El trabajo invisible de las protectoras y refugios
Mientras esto ocurre, hay personas que sostienen el sistema con muy pocos recursos y mucho corazón: las protectoras y refugios de animales.
Personas que:
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Recogen animales abandonados
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Pagan veterinarios y tratamientos
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Limpian, cuidan y rehabilitan
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Acompañan animales con miedo, ansiedad o traumas
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Buscan adopciones responsables
Y sí, seguramente hay una protectora cerca de tu casa.
Aunque no tenga visibilidad. Aunque esté desbordada.
Refugios y protectoras hay muchos. Basta con darse una vuelta por Internet para comprobar el trabajo enorme que realizan cada día. Yo os dejo uno que está cerca de mi casa, en Amposta, por si queréis empezar a mirar con calma:
👉 Engrescats– Refugi d’animals d’Amposta
Adoptar: una decisión responsable que cambia dos vidas
Adoptar no es conformarse.
Al contrario, es elegir con conciencia.
Beneficios reales de la adopción:
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Salvas una vida
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Reduces la saturación de refugios
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No fomentas la compra impulsiva
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Recibes orientación y acompañamiento
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Das valor al trabajo de las protectoras
Muchos animales adoptados —perros, gatos, conejos o aves— no necesitan “ser salvados”, solo una oportunidad estable.
Antes de decidir convivir con un animal, pregúntate esto
Convivir con un animal no es solo compartir momentos bonitos. Es asumir cuidados diarios, atención constante y un compromiso económico y emocional que se mantiene en el tiempo. Alimentación adecuada, higiene, atención veterinaria, espacio, estímulos y confort forman parte de su bienestar, independientemente de la especie. Cuando un animal entra en casa, deja de ser “una mascota” y pasa a ser uno más de la familia.
Los animales no son juguetes
1. ¿Sabes realmente qué necesita ese animal?
En el caso de los peces, no son “fáciles”: necesitan un acuario adecuado y un mantenimiento constante.
Los conejos, lejos de vivir en una jaula sin más, requieren espacio, socialización y atención veterinaria especializada.
Con los hámsters, conviene saber que no son un juguete infantil: son animales nocturnos que se estresan con facilidad.
En cuanto a los pájaros, no son decoración: necesitan estímulos, atención y bienestar.
2. ¿Encaja con tu vida ahora y dentro de años?
Cambios laborales, mudanzas, rutinas…
Los animales no entienden de excusas.
3. ¿Puedes asumir el compromiso a largo plazo?
Algunos animales viven 10, 15 o más años.
No son temporales.
Bienestar y salud: cuando la decisión impacta en una vida
Hablar de tenencia responsable no es solo hablar de amor.
Es hablar de salud y bienestar, físico y emocional.
El bienestar no es un extra.
Es la base.
El juego, la estimulación y el vínculo también forman parte del bienestar animal.

Un animal que llega a un hogar sin preparación sufre estrés, ansiedad y desajustes que muchas veces no se ven, pero se manifiestan en forma de enfermedades, problemas de conducta o apatía. Los cambios bruscos, la falta de rutinas, el aislamiento o la ausencia de estimulación afectan directamente a su equilibrio y a su salud.
No importa la especie.
Cada animal tiene necesidades concretas que deben conocerse y respetarse.
Cuidar de un animal también es:
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Proporcionarle estabilidad
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Respetar sus tiempos
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Entender su lenguaje
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Acompañar su proceso vital
Los animales no son juguetes: responsabilidad y sanciones
Más allá del impacto emocional, conviene recordar algo importante: el abandono y la tenencia irresponsable tienen consecuencias legales.
Abandonar un animal no es un descuido ni un error puntual. Es una infracción grave que puede conllevar sanciones económicas, inhabilitación para convivir con animales y otras medidas legales.
Y no debería hacer falta llegar a ese punto para entenderlo.
Pero existe.
Porque un animal no puede defenderse solo.
Porque depende completamente de quien decide incorporarlo a su vida.
Y porque la responsabilidad no termina cuando pasa la novedad.

Deseos para una convivencia más consciente con los animales
Que dejemos de tratar a los animales como objetos, regalos o decisiones impulsivas.
Que apostemos por la información, por el acompañamiento de las protectoras y por decisiones verdaderamente conscientes.
Porque el bienestar animal no debería depender de fechas concretas, sino de valores que nos acompañen todo el año.
Porque cuando se apaga la Navidad, pasan los Reyes Magos, el cumpleaños o cualquier premio que decidimos ofrecer, el animal sigue ahí.
Esperando.
Dependiendo.
Privar a un animal de alimento, agua, refugio o atención no es solo irresponsabilidad. Es una forma de violencia. Y cómo tratamos a los animales dice mucho del tipo de personas que somos.

